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Los líderes de la CEI conmemoran el 20 aniversario de la organización


Los líderes de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) se reúnen en Moscú para conmemorar el vigésimo aniversario de la organización, nacida de las ruinas de la Unión Soviética.

La CEI, integrada por once antiguas repúblicas soviéticas, es un “mecanismo vivo y útil”, según declaró en vísperas de la reunión Serguéi Prijodko, el asesor de política internacional del presidente ruso, Dmitri Medvédev.
“En general, la existencia de la CEI desempeña un papel estabilizador para cada uno de sus Estados y tiene una influencia enorme en la elaboración de las decisiones colectivas en respuesta a los retos globales”, dijo el asesor presidencial, citado por las agencias rusas.

Destacó que la CEI ha sido también muy importante para garantizar la continuidad del diálogo entre las antiguas repúblicas soviéticas y para elaborar una visión común de los procesos de integración.

Prijodko indicó que la organización “reacciona a las nuevas realidades en cada país y también a los ánimos predominantes en lo que se refiere a la integración”.
“Es prematuro enterrar la CEI. Al menos, nosotros tenemos la sensación de que nadie tiene la intención de hacerlo”, subrayó.

Aunque la reunión de hoy no tiene una agenda predeterminada, los líderes de la CEI centrarán su atención en la necesidad de incrementar los resultados prácticos de la cooperación en el marco comunitario, explicó Prijodko.

La CEI fue fundada por los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania el 8 de diciembre de 1991, el mismo día en que proclamaron la defunción de la Unión SoviéticaArmenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán se sumaron a la iniciativa el 21 de diciembre de ese mismo año, mientras que Georgia lo hizo el 23 octubre 1993 y Moldavia, el 8 abril 1994.

Sólo quedaron fuera las tres bálticas (Letonia, Estonia y Lituania), reacias a cualquier vínculo con la CEI.

La única deserción de la comunidad postsoviética la protagonizó Georgia, que abandonó la organización tras la guerra ruso-georgiana en Osetia del Sur de agosto de 2008.
Los líderes de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) se reúnen en Moscú para conmemorar el vigésimo aniversario de la organización, nacida de las ruinas de la Unión Soviética.

La CEI, integrada por once antiguas repúblicas soviéticas, es un “mecanismo vivo y útil”, según declaró en vísperas de la reunión Serguéi Prijodko, el asesor de política internacional del presidente ruso, Dmitri Medvédev.
“En general, la existencia de la CEI desempeña un papel estabilizador para cada uno de sus Estados y tiene una influencia enorme en la elaboración de las decisiones colectivas en respuesta a los retos globales”, dijo el asesor presidencial, citado por las agencias rusas.

Destacó que la CEI ha sido también muy importante para garantizar la continuidad del diálogo entre las antiguas repúblicas soviéticas y para elaborar una visión común de los procesos de integración.

Prijodko indicó que la organización “reacciona a las nuevas realidades en cada país y también a los ánimos predominantes en lo que se refiere a la integración”.
“Es prematuro enterrar la CEI. Al menos, nosotros tenemos la sensación de que nadie tiene la intención de hacerlo”, subrayó.

Aunque la reunión de hoy no tiene una agenda predeterminada, los líderes de la CEI centrarán su atención en la necesidad de incrementar los resultados prácticos de la cooperación en el marco comunitario, explicó Prijodko.

La CEI fue fundada por los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania el 8 de diciembre de 1991, el mismo día en que proclamaron la defunción de la Unión Soviética.
Armenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán se sumaron a la iniciativa el 21 de diciembre de ese mismo año, mientras que Georgia lo hizo el 23 octubre 1993 y Moldavia, el 8 abril 1994.

Sólo quedaron fuera las tres bálticas (Letonia, Estonia y Lituania), reacias a cualquier vínculo con la CEI.

La única deserción de la comunidad postsoviética la protagonizó Georgia, que abandonó la organización tras la guerra ruso-georgiana en Osetia del Sur de agosto de 2008.
Los líderes de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) se reúnen en Moscú para conmemorar el vigésimo aniversario de la organización, nacida de las ruinas de la Unión Soviética.

La CEI, integrada por once antiguas repúblicas soviéticas, es un “mecanismo vivo y útil”, según declaró en vísperas de la reunión Serguéi Prijodko, el asesor de política internacional del presidente ruso, Dmitri Medvédev.
“En general, la existencia de la CEI desempeña un papel estabilizador para cada uno de sus Estados y tiene una influencia enorme en la elaboración de las decisiones colectivas en respuesta a los retos globales”, dijo el asesor presidencial, citado por las agencias rusas.

Destacó que la CEI ha sido también muy importante para garantizar la continuidad del diálogo entre las antiguas repúblicas soviéticas y para elaborar una visión común de los procesos de integración.

Prijodko indicó que la organización “reacciona a las nuevas realidades en cada país y también a los ánimos predominantes en lo que se refiere a la integración”.
“Es prematuro enterrar la CEI. Al menos, nosotros tenemos la sensación de que nadie tiene la intención de hacerlo”, subrayó.

Aunque la reunión de hoy no tiene una agenda predeterminada, los líderes de la CEI centrarán su atención en la necesidad de incrementar los resultados prácticos de la cooperación en el marco comunitario, explicó Prijodko.

La CEI fue fundada por los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania el 8 de diciembre de 1991, el mismo día en que proclamaron la defunción de la Unión Soviética.
Armenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán se sumaron a la iniciativa el 21 de diciembre de ese mismo año, mientras que Georgia lo hizo el 23 octubre 1993 y Moldavia, el 8 abril 1994.

Sólo quedaron fuera las tres bálticas (Letonia, Estonia y Lituania), reacias a cualquier vínculo con la CEI.

La única deserción de la comunidad postsoviética la protagonizó Georgia, que abandonó la organización tras la guerra ruso-georgiana en Osetia del Sur de agosto de 2008.

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